#LetrasMacabras: Bernardo Couto Castillo, entre las sombras de la literatura

Posteado por: Diario Macabro
12/01/2017

Por: Diego Vílchis.

De origen, el terror en la literatura mexicana es difuso y, me atrevo a pensar, también oculto. Pensar en el género inserto entre las letras de nuestro país es remontarnos de forma inmediata a las últimas tres décadas, pasando por varias recopilaciones y escritores, así como cuentos y estudios sobre el miedo y lo macabro en la lengua hispanohablante.

Sin embargo, encuentro interés particular por echar una mirada todavía más atrás, en un intento propio de capitular la actividad tan esporádica y poco centrada que converge en el terror. Pasamos por la literatura fantástica, que si bien fue un terreno experimental para muchos escritores, entre sus múltiples temas predilectos vaga lo sobrenatural, las alteraciones psíquicas y lo extraño, elementos que el miedo ha podido conjugar en historias predilectas de terror.

El decadentismo en México, bajo el marco de la literatura fantástica, surge a finales del siglo XIX, característico por sus “erotismos y obscenidades, delirios sangrientos y aterradoras quimeras, el satanismo, o culto sistemático al mal, la delectación morbosa con lo horripilante o corrompido.”[1]

Uno de los escritores más notorios fue Bernardo Couto Castillo (1880 – 1901). De trayectoria breve, fue uno de los fundadores de la Revista Moderna, en donde varios escritores de la línea encontraron eco para publicar sus escritos. Couto Castillo murió joven a causa del abuso hacia las drogas[2], dejando trunco su legado literario que se reduce a un solo libro, Asfódelos (1897), a la edad de diecisiete años, y que se compone de doce cuentos, todos ellos publicados durante su actividad en la Revista Moderna.

Inspirado por la literatura de Edgar Allan Poe y Guy de Maupassant, entre otros escritores, encontramos en la literatura de Couto Castillo una fascinación por la muerte, presente en todos sus cuentos, y que se manifiesta a través como una búsqueda o causalidad, como un mórbido encuentro y un horror final, y que en ocasiones desafía a la psique.

En Asfódelos se encuentran dos cuentos oportunos. “Rayo de luna” es contada por su narrador, quien se encuentra presuntamente en el manicomio. Da testimonio de un encuentro sobrenatural que sólo ocurre durante la luna llena en su habitación, dejándolo a merced de sus frágiles nervios. “Lo que dijo el mendigo”, a mi juicio un cuento visceral, explora otro encuentro, tanto o más imposible que el anterior, bajo la atmósfera nihilista y la reflexión sobre la muerte: alguien que ha muerto y regresado para contarlo, siendo el encuentro final la expresión física de la muerte: lo pútrido.

Bernardo Couto Castillo forma parte de ese anaquel con escritores oscurecidos por una sombra que vale la pena despejar, para internarse en aquellos desolados y sombríos pasajes que nos ofrecen una perspectiva poco conocida del terror en nuestras letras.

CoutoCastillo

[1] Corral Rodríguez, Fortino, Senderos ocultos de la literatura mexicana, Madrid, 2011, p. 233.

[2] Pavón, Alfredo, El alucinante mundo de Bernardo Couto Castillo, en Texto Crítico, enero – junio de 1988, no. 38, p.90

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